FESTIVAL DE ARTES ESCÉNICAS

Los cuatro domingos de junio traerán una programación basada en encuentros, intercambios, exposiciones y reunión de obras, una propuesta ideada para explorar las artes escénicas. Durante la primera edición del Festival, se presentará una selección de obras curadas por Natalia Chami y Romina Bulacio Sak, y se estrenarán los dos proyectos ganadores de la convocatoria pensada para este evento.

Nota: Alejandro Lingenti

Nacido en la década del 70, el site-specific es un tipo de trabajo artístico diseñado exclusivamente para una locación en particular. Si la obra se mueve de ese “sitio específico” donde fue montada, pierde parte sustancial de su significado. El ambiente deja de ser un simple marco expositivo de una obra para transformarse en uno de sus componentes ineludibles. Obra y contexto, figura y fondo son indisolubles. De esta manera, el conjunto es una nueva entidad que puede ser figura en otro fondo que lo abarque.

Ya en la década del 60, muchos artistas de diferentes partes del mundo (buena parte
de ellos, de Estados Unidos) empezaron a imaginar estrategias para mover al arte del
ambiente solemne y mercantil de los museos urbanos. Y hoy, hasta existe un gran festival internacional impulsado por esa misma inquietud, el estimulante Infecting the City, que desde 2007 se celebra anualmente en Ciudad del Cabo, Sudáfrica, con un eje temático en cada edición (el del año pasado, por ejemplo, estuvo destinado a reflexionar sobre el impacto de las nociones de “poder” y “privilegio” sobre los derechos colectivos).

Con ese marco teórico y esos antecedentes en mente, Natalia Chami y Romina Bulacio Sak trazaron las coordenadas del Festival de Artes Escénicas que se desarrollará durante los domingos de junio. En estos cuatro encuentros se presentarán una serie de obras argentinas elegidas luego de una convocatoria especialmente pensada para este evento, realizado con el apoyo de Mecenazgo de la Ciudad de Buenos Aires.

“Nuestro objetivo siempre es convocar a artistas que tengan una búsqueda propia que sea identificable”.

El menú es variado: obras ambulantes de múltiples disciplinas e intervenciones de larga, media o corta duración que, básicamente, evidencien “una clara voluntad de experimentación”, según la sintética definición de Bulacio Sak, actriz, directora, productora artística y licenciada en Ciencias Políticas. “No buscamos artistas consagrados”, resalta. “Pensamos, más bien, en gente con algún recorrido que nos interese por su nivel de riesgo. Y en cómo eso se conjuga con la propuesta que esa gente hace para este festival en particular. Nos interesa mucho el espacio y la relación que la obra establece con él para que el espectador tenga una experiencia que lo
lleve a otra realidad. Lo ideal sería que cuando la gente llegue al Konex, lo perciba como un ambiente tomado. Que ese lugar, que tiene una arquitectura muy característica, pueda lucir transformado”, añade.

La idea del Festival fue una iniciativa de Noel Yolis (Gerente de Programación y Contenidos del Konex) y Giuliana Kiersz (Programadora artística). Fueron ellas quienes convocaron a las curadoras, que trabajan hace cinco años en sociedad con Ciudad Cultural. “Pensemos en el contexto de las artes escénicas en Buenos
Aires: hay muchísimas salas, oficiales, independientes y comerciales. Cada una tiene
su particularidad, su singularidad. Y el Konex, naturalmente, también. Es una fábrica restauradaespecialmente para funcionar como centro cultural, un sitio imponente que termina siendo protagonista en lo que programamos”,
sostiene Kiersz. “Entonces, nos dieron ganas de apropiarnos de ese sitio y de las
cosas que irrumpen en él, como esa escalera naranja gigante construida en el Patio. Y que un artista pueda pensar cómo hacer que una obra, un texto o una intervención realmente se crucen y se configuren con el espacio. No que sean obras ‘puestas’ en el lugar, sino que estén pensadas a partir del espacio y atravesadas por su impronta”, explica.

Ese criterio es el dominante en este caso, pero la programación artística del Konex incluye también otras variables. Hay, eso sí, una orientación voluntaria que apunta a privilegiar la particularidad. En palabras de Kiersz: “Hacer algo super-original, hoy por hoy, es muy difícil, se sabe. No sé si todo está hecho, pero convengamos en que en el campo del arte, hay muchas cosas que ya se hicieron. Aun así, nuestro objetivo siempre es convocar a artistas que tengan una búsqueda propia que sea identificable”.

En el caso del Festival de Artes Escénicas, fue muy clara la exigencia indispensable para todos los que elevaron su propuesta con la intención de que fuera una de las dos elegidas por los responsables del Konex: que tuvieran en cuenta al espacio como elemento principal y que los proyectos promovieran deliberadamente los cruces interdisciplinarios. “Yo entiendo a este festival como un proyecto de ocupación poética del espacio”, reafirma Natalia Chami. El objetivo central es intervenir este sitio específico con la finalidad de cargarle un nuevo sentido, de transformarlo. Eso solo se puede hacer colectivamente, por eso, convocamos a un grupo numeroso de artistas.
Es muy interesante que el resultado sea algo que escape a cada artista involucrado, que esa dimensión experimental no pueda ser controlada concretamente por nadie”, expresa.

La arquitectura del Konex, un edificio construido en la década del 20, del siglo pasado,
que fue utilizado como fábrica y depósito de aceites hasta 1992, es ideal para un tipo
de experiencia como la que propone el Festival. “Es una arquitectura con una enorme
potencialidad plástica y escénica, llena de recovecos, escaleras, cuartos… La idea es que los artistas se dejen llevar por esas líneas y texturas para empezar a crear desde ahí”, explica Chami. “Los criterios de selección que usamos estuvieron apoyados en una serie de preguntas que nos hicimos: ‘¿Cómo hacer hablar al espacio? ¿Es posible pensar esa arquitectura de un modo diferente? ¿Cómo la obra puede revelarnos algo nuevo del espacio, una nueva metáfora?’. También, fue muy importante que las propuestas presentaran un desafío para los artistas. Que pudieran aprovechar la oportunidad para experimentar y que no fuera un producto ya pensado de antemano o una repetición de sus trabajos anteriores”, concluye.